Hubo una vez donde dejé mis escudos y armas a un lado y dejé de batallar.
Hubo una vez donde mostré todo lo que soy.
Hubo una vez donde mi cama ya no era reposo de lágrimas, sino que temblaba por las risas.
Hubo una vez donde creía que con amor bastaba.
Hubo una vez que dejé de cubrirme de golpes y comencé a bailar.
Hubo una vez donde volver a casa significaba tranquilidad y no tormento.
Hubo una vez donde las mariposas sustituyeron a los puñales.
Pero eso.
Hubo una vez.


