Ya no queda nada.
Su ausencia duele por cada día que pasa, pensaba que sería al revés.
Volvemos a ser dos extraños, aunque ni eso.
Si fuéramos dos extraños tendríamos la oportunidad de tener un encuentro fortuito y volver a conocernos.
Que me hables por primera vez de tus sueños y ver cómo te brillan los ojos cuando me los cuentas.
Que me hables de temas de los cuales no había oído antes y me fascine la pasión por cómo lo cuentas.
Ya no habrá conversaciones de madrugada soñando despiertos,
ni encuentros casuales,
ni mensajes de ánimo al enfrentar un día que nosotros sabemos que es importante para el otro.
Ya no sabré si conseguiste todo aquello que una vez me contaste,
si conociste Tokio,
si conseguiste ese trabajo que tanto querías.
Solo espero que la vida le dé todo lo bueno que me otorgó y que le trate bien.
Donde quiera que vaya siempre tendré una parte de mí deambulando por el mundo.


