A veces creo que te estoy olvidando, pero cae la noche y dejo la ventana abierta.
Me tumbo del lado derecho de la cama, mirando hacia la puerta como siempre, y cierro los ojos.
Entonces la primera brisa de la noche entra por la ventana.
Noto el roce en mi espalda y entonces imagino que eres tú acariciándola.
Cuando llega a mi pelo, pienso que son tus dedos los que se entrelazan en ellos.
Cuando me toca los pies siento que eres tú, que duermes con los tuyos enredados con los míos, porque siempre hemos sido uno.
Y, finalmente, llega a mi rostro.
Me roza las pestañas y cae la primera lágrima que desemboca en mis labios.
Es el beso de buenas noches que siempre me dabas.


