Ver a Marianne era como verse a un espejo

normal people

Hay historias que parecen sencillas y cuando las acabas, no vuelves a ser el mismo. Normal People es una de ellas. Una novela de Sally Rooney (y más tarde, adaptada a una preciosa serie), seguimos a Marianne y Connel desde su adolescencia hasta sus primeros años de vida adulta, mientras su relación camina entre la amistad, el amor y el dolor. No es una serie rápida ni llena de giros inesperados; es mejor. Es lenta, íntima, silenciosa pero que retrata con crudeza cómo las inseguridades, el entorno familiar y la falta de comunicación pueden moldear el amor y a su vez destruirlo.

Pero viéndola, no pude dejar de verme retratada en Marianne: una joven brillante a la vez que compleja que aprendió a sobrevivir en un mundo que nunca la hizo sentir que era suficiente.

Me vi en ella: en su forma de amar sin saber pedir, en su silencios cuando el corazón le gritaba que lo dijera. Me vi reflejada en su miedo a no ser suficiente, en esa costumbre de quedarse al margen aun cuando lo único que quieres es quedarte. Sentí que alguien había leído la historia de mi vida y había volcado ahí todas mis inseguridades y mi forma de amar, que a veces se siente demasiado grande para el espacio que ocupa.

Verlos interaccionar (y no hacerlo) entre ellos fue como recordar las veces que quise decir lo que sentía, pero simplemente no podía, las palabras se quedaban ancladas a mi lengua como un barco al puerto. En cada momento en que elegí huir en vez de quedarme por no saber comunicarme. Me enseñó que el amor no siempre es un refugio, también puede ser un laberinto donde nadie nos enseño el camino de ida, pero tampoco el de vuelta. Que puedes amar con toda tu alma y aun así perderlo porque nunca aprendiste a decir esas simples palabras como “Quédate”.

También había veces que verla dolía. No solo por su simple historia, sino porque sus silencios me resultaban familiares.

Camina en un mundo con la sensación de que no encaja, de aprender a querer desde el miedo a no ser correspondida.

Marianne ama, pero no desde el lado sano, sino desde una herida sin cicatrizar. Entrega todo lo que tiene sin saber si alguien lo podrá sostener.

Se acostumbra a callar, a tragarse todo lo que siente, a vivir con la certeza de que si en algún lado sobra alguien, es ella.

Y me vi en ella: en esa forma de mirar con nostalgia y de hablar siempre tarde. En quedarse parada, aunque todo por dentro se esté desmoronando

Normal People no es solo una historia triste.
Es una advertencia poética.

“Si no aprendes a comunicarte con quien amas, acabarás llorando solo por lo que pudo haber sido”.

Y ahora, solamente me quedan las lágrimas.

Esta serie es un aprendizaje a la vez que una advertencia.

Si se me permite dar un consejo en relación con todo esto sería: Dilo, simplemente dilo. Porque en ocasiones, cuando quieres decirlo, ya no hay nadie para que lo escuche.

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