LAS COSAS QUE NO SE DICEN

lo que no se dice, pesa

Hay conversaciones que no pudieron ser, palabras que nunca se atrevieron a salir y gestos que se quedaron congelados en mitad de un impulso.

Y, sin embargo, todo eso sigue ahí.

Porque lo que no se dice… también pesa

EL SILENCIO TAMBIÉN HABLA

A veces pensé que guardar silencio era protegerme. Que, si no lo exteriorizaba y lo dejaba pasar, no dolería, iría muriendo con el tiempo.

Lo que nunca esperé es que los silencios tuvieran memoria.

Y, tarde o temprano, siempre se transforma: en discusiones o en un “no sé que nos ha pasado” que llega demasiado tarde.

Lo que no dije y debería de haber dicho

Que algo me dolía desde hacía tiempo.

Que el futuro me da tanto miedo que no sé como vivir en el presente.

Que me siento en una carrera de revelos donde corro sola.

Que no sé cómo volver atrás en el tiempo y haber dicho todo esto en su tiempo.

EL PRECIO DE CALLARSE

Callarse es una forma de ceder, pero también de perderse.

Porque cuando dejas de decir lo que sientes, empiezas a traicionarte un poco cada día. Y así me convertí en la mayor traidora de la historia de mi vida. Y, cuando al fin me di cuenta de todo esto, existía un gran muro invisible entre lo que soy y lo que fingía ser pero no tenía ni puñetera idea de como echarlo abajo.

Hay cosas que no se dicen y aun así dejan marca. Como una conversación pendiente, un perdón que nunca llegó.

Tengo un nudo en la garganta de todas las palabras que nunca jamás llegué a decir. Algunas eran como puñales, pero otras brotaban y eran tan preciosas como mariposas.

Hablar no siempre lo arregla todo, es una nueva lección que aprendí este año. Pero callar lo rompe todo, es otra lección que aprendí demasiado tarde.

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